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viernes, 31 de julio de 2009

DINERO Y PODER MUNDIAL



POR SANTIAGO ROQUE ALONSO

En Octubre de 2002 (2), nos referimos a este tema con la intención de clarificar sobre lo que interpretamos constituye la esencia de los acontecimientos que sobrevendrían, a raíz de la guerra que los anglosajones preparaban contra Irak. Cuando redactamos estas líneas (17 Feb 02), nos encontramos – tal vez- a días u horas de que la misma sea desatada.
El artículo debió continuar su desarrollo en los meses subsiguientes, pero postergamos su aparición a la espera de que se presentaran elementos de juicio que hicieran más fácil y concreta la comprensión de nuestra concepción, respecto a cuál es la esencia del Poder Mundial en este estadio de la civilización, así como demostrar algunos de sus modos de acción operativos.
Sin embargo, advertimos poca flexibilidad para analizar la situación actual desde una perspectiva distinta a las categorías tradicionales, basadas principalmente en la confrontación política-estratégica entre Estados Nacionales. No es que neguemos la existencia e importancia de dichos actores en el escenario internacional pero, a nuestro entender, la realidad indica que necesariamente hay que colocar en el “orden de batalla” a los grandes conglomerados internacionales financieros, productivos y de servicios (multinacionales o transnacionales), considerándolas independientes de los Estados.
1. La “plutocracia” como actor de la política de poder internacional
En este punto es necesario ser más explícitos aún. Los gobiernos o entidades políticas que administran los Estados Nacionales se encuentran subordinados, en cuanto a la determinación de los grandes cursos de acción políticos y estratégicos, al poder de los mencionados conglomerados multinacionales o transnacionales, de diferente calidad y naturaleza.
Los grandes conglomerados multinacionales o transnacionales no persiguen objetivos políticos y estratégicos nacionales, sino de “política mundial”, que ellos se auto imponen, sin ninguna intervención de los pueblos donde residen. Consecuentemente sus objetivos, políticas y estrategias son absolutamente de naturaleza privada, de interés particular o responden a intereses de grupo.
Esa es la razón por la cual no creemos en las “naciones o estados occidentales”. Ellas son una mera máscara, una ficción legal detrás de la cual operan los mencionados conglomerados privados, usando a los políticos nativos o locales como meros mandatarios de sus deseos y fines, a quienes subordinan y colocan a su servicio mediante la corrupción.
Es mentira, también, que existan “democracias”. Lo que existe es la forma más cruda y cruel de las “plutocracias u oligarquías nacionales” (gobierno de los más ricos o de los que más tienen, según conceptos semejantes definidos por Platón y Aristóteles) – cada una con sus particularidades- absolutamente subordinadas a una “plutocracia u oligarquía internacional”. En consecuencia, las rivalidades o enfrentamientos, si son reales, no son entre estados o naciones, sino entre facciones de la misma plutocracia internacional, que operan a través de los estados subordinados a sus respectivas hegemonías.
2. La “plutocracia financiera” en la dirección del Poder Mundial
Estas conclusiones no son el producto de nuestra imaginación, sino que se encuentran avaladas con toda claridad por expresiones de conspicuos miembros de la “plutocracia u oligarquía internacional”. Tal vez, el juicio más claro y serio entre muchos testimonios, hayan sido los del profesor de la Universidad de Georgetown, Carroll Quigley – mentor y protector intelectual del ex presidente Clinton en sus épocas de estudiante- quien fuera el autor de la monumental obra “Tragedia y Esperanza” (3), desconocida en los ambientes académicos argentinos, y un “insider” del establishment anglo norteamericano. Según su propia confesión, se le habría permitido consultar, durante dos años, los archivos de grupos y logias secretas relacionadas con la mencionada “plutocracia internacional”. Entre otras cosas, Quigley revela:
“El Poder del capitalismo financiero tiene un objetivo trascendental, nada menos que crear un sistema de control financiero mundial en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo como un todo. Este sistema ha estado controlado de un modo feudal por los Bancos Centrales del mundo actuando concertadamente y por acuerdos secretos, a los que se llegan en reuniones privadas y conferencias. Cada Banco Central buscó dominar a su Gobierno mediante la habilidad para controlar los préstamos al Tesoro del Estado (Hacienda), para manipular el mercado de cambios, en la determinación del nivel de la actividad económica del país y en influir sobre los políticos colaboracionistas mediante recompensas posteriores en el mundo de los negocios. La cúspide del sistema ha sido el Banco de Pagos Internacionales (BIS: Bank of International Settlements) de Basilea, Suiza; un banco de propiedad privada y controlado por los Bancos Centrales del mundo, que también son corporaciones privadas” (Pág. 324).
3. El “imperialismo internacional del dinero” como nueva categoría política
Para sorpresa de muchos, lo que Carroll Quigley describe en términos prácticos en 1966, fue clara y valientemente anticipado en 1931, casi como una visión profética de la actual “globalización”, por el Papa Pío XI en su Carta Encíclica Quadragesimo Anno (4). En ella se define una nueva categoría política: el “imperialismo internacional del dinero”, el cual surge como consecuencia de una serie de hechos y prácticas observables en la vida política y económica de los pueblos, cuyas características esenciales pueden reducirse a las siguientes notas desarrolladas en la Encíclica:
Ø Que la concentración de enormes riquezas y de dinero en pocas manos, dio lugar al surgimiento de un Poder a escala universal (internacional o mundial).
Ø Que dicho Poder controla toda la economía, fundamentalmente el crédito: “que es como decir: la sangre de que vive toda la economía”.
Ø Que el referido Poder es ejercido en forma arbitraria, tiránica o dictatorial.
Ø Que, a su vez, el mencionado Poder ha originado:
· La lucha por la hegemonía económica mundial,
· El servilismo o esclavitud de los poderes públicos o del Estado a los intereses de grupo, que no es otra cosa que indicar el dominio que ejercen los grupos que concentran la riqueza sobre el Estado o los organismos del mismo.
· La lucha por el predominio entre los diferentes estados
· La dictadura económica
Posteriormente, JUAN XXIII en 1961 (Mater et Magistra) y PAULO VI en 1973 (Populorum Progressio), respectivamente, reiteran con las mismas palabras la existencia del “imperialismo internacional del dinero”.
Lo que pocos perciben de esta definición realizada por los Santos Padres, es que la existencia del “imperialismo internacional del dinero” no está atada ni se identifica con ningún Estado, Potencia o Poder Nacional. Por lo que debe entendérselo como un Poder y una entidad distinta al de las naciones y ajeno a la estructura de un Estado en particular, dado que su esencia radica en la extraordinaria concentración de riquezas y de dinero, y no en los factores o elementos tradicionalmente constitutivos de un Estado (territorio, población, fuerzas armadas, jurisdicción judicial, moneda, etc.). Esto queda explícitamente aclarado, cuando Pío XI expresa que ese imperialismo tiene su asentamiento “…donde el bien, allí la patria”.

4. El Estado y el poder político al servicio o usurpado por el “Poder del dinero”
El Poder del Dinero o “imperialismo internacional del dinero” es radicalmente distinto al poder y a la existencia de los Estados Nacionales o a los imperialismos nacionales. Ello no quiere decir que el primero no opere a través de los Estados Nacionales o del poder político. Precisamente, la Encíclica nos advierte sobre la existencia de Estados subordinados, dominados, serviles o simplemente usurpados por el Poder del Dinero. Lo que pudo ser considerado una formulación teórica en el momento que se denunció (1931) – inclusive para algunos sectores de la Iglesia que la ignoran- setenta años después es una realidad operante del poder.
Es así como en la actualidad estamos asistimos a una aparente lucha de estados nacionales entre sí, detrás de la cual se escudan los reales contendores: los grupos o facciones económicas-financieras que utilizan y dominan a las naciones para obtener el predominio mundial y asegurar la concentración de las riquezas en muy pocas manos (privadas), cuestión que no reconoce antecedentes similares en la Historia Universal.
La lógica del razonamiento de los Santos Padres sobre el tema, no necesita de ningún aval para ser sostenida, pero si alguien tuviese aún alguna duda, nada más pertinente para demostrar la subordinación de los poderes políticos al poder dinero, que la de un contradictor absoluto de todo lo religioso. Carlos Marx afirmaba en 1841, por única vez (nunca más volverá a tratar esta cuestión): “La contradicción existente entre el poder político práctico del judío y sus derechos políticos, es la contradicción entre la política y el poder del dinero, en general. Mientras que la primera (la política) predomina en términos ideales sobre el segundo (el poder del dinero), en la práctica se convierte en sierva suya.” (5) (El subrayado y los términos entre paréntesis son agregados por el subscripto).
No entender este aspecto, es no comprender lo que ha sido una de las características del Siglo XX, en lo que hace a la naturaleza, a la conformación y a la lucha por el poder hegemónico a escala mundial. En consecuencia, poco o nada se podrá comprender de la próxima guerra contra IRAK, si se desconoce la lucha entre facciones en el seno del Poder Mundial. Ello no implica que sus diferencias se deban a que encarnan proyectos mundialistas distintos, sino que están disputando la hegemonía dentro de la cúpula o del directorio que hasta no hace mucho tiempo, probablemente, poseía una conducción colectiva, donde las más trascendentes decisiones seguramente se adoptarían por consenso.
5. Conclusiones
a. El “dinero”, a través de un proceso de varios siglos, se ha convertido en “poder”.
b. El “Poder del Dinero” ha subordinado o usurpado el “poder político”, colocando al Estado a su servicio. El medio determinante de esta conversión, resulta obvio y no necesita demostración, es la “corrupción”, facilitada e inducida por la pérdida de valores y por el relativismo moral que progresivamente ha ido dominando a los pueblos.
c. Las funciones del “dinero” en cuanto medio de cambio, medida de valor y medio de atesoramiento – y que constituyen el paradigma tradicional- han pasado a ser funciones secundarias. En la actualidad, el “dinero” es esencial y principalmente un “instrumento o medio de poder”.
d. El nuevo y real paradigma del “dinero”, en cuanto “instrumento o medio de poder”, se mantiene oculto al conocimiento de los pueblos, mediante la acción de un gigantesco sistema o aparato de propaganda y educativo que opera con esa finalidad.
e. Dado que el fundamento del Poder Mundial esta dado principalmente por la “acumulación de dinero y de riquezas” en pocas manos y en “forma ilimitada o infinita”, determina que su naturaleza coincida con una de las características esenciales del “poder”, su tendencia insuperable e irresistible hacia la “unidad” –frente a la avaricia, a la codicia y a la ambición de poder, propio de la naturaleza caída del hombre-. Es decir, que sea “uno” el que finalmente concentre toda la riqueza y “uno” el que mande.
Referencias:
(1) Completamiento y reelaboración del artículo “Irak y el Poder mundial” (2da Parte), que fue publicado en Patria Argentina Nº 183; Febrero de 2002; Pág. 4 y 5; debido a que por falta de recursos económicos – imposibilidad de imprimir más páginas- no pudo ser editado en su forma original. Al mismo tiempo modificamos el título con que fue dado a conocer inicialmente, ya que lo hemos elaborado más como una aclaración complementaria de la 1ra Parte (2) – por las razones que explicamos en su contenido- antes que una continuación de la misma.
(2) Santiago Roque Alonso; “Irak y el Poder mundial” (1ra Parte); Patria Argentina; Octubre de 2002; Nº 179; Pág. 8.
(3) Carroll Quigley; “Tragedy and Hope”; Macmillan; 1966; NY, Pág 324. Esta obra fue editada una única vez. Ha sido denominada en muchos círculos anglosajones como la “biblia de la globalización”.
(4) Doctrina Pontificia - Documentos Sociales; BAC; Madrid; 1964.
(5) Carlos Marx; “El Marxismo y la Cuestión Judía” (El Pueblo Judío en la Historia); Ed. Plus Ultra; Buenos Aires; 1965; Pág (s). 9 a 44.

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