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jueves, 29 de diciembre de 2011

URUGUAY-ABORTO: EL PROYECTO GENOCIDA CUENTA CON MEDIA SANCION LEGISLATIVA

El pasado día martes 27 del corriente, el senado uruguayo  con premura ( nada llamativa  para nosotros)  aprobó el proyecto   genocida de legalización del aborto.
17 votos a favor contra 14 fue el resultado final, luego  de varias horas de debate (?) dado en el recinto legislativo.
Cabe aclarar que las organizaciones contestatarias del genocidio no fueron escuchadas en la comisión de salud, sus integrantes se convocaron en las afueras del palacio legislativo para mostrar, una vez más, la voluntad afirmativa de la cultura de la vida y de los intereses genuinos y verdaderos de la nación uruguaya.
Se espera para los meses de Marzo o Abril del próximo año el tratamiento del proyecto genocida en el recinto de Diputados.
Si bien el lobby abortero  con evidentes  raíces plutocráticas internacionalistas es muy fuerte, pero la guerra no está concluída, continúa, y es posible obstaculizar e impedir, con la ayuda de Dios Nuestro Señor, el objetivo de sistematizar "legalmente"  el asesinato de niños.

¡DIOS CON NOSOTROS!

A continuación ofrecemos tres videos,  los dos primeros son entrevistas breves  realizadas a militantes pro vida durante la manifestación antes mencionada y el restante muestra a militantes pro vida cortando una calle, con sus banderas y cánticos característicos
Y debajo de los mismos, una serie de fotografías.
Agradecemos el material a M.C.


























martes, 20 de diciembre de 2011

MOYANO-CRISTINA: LA SANGRE NO LLEGA AL RIO



(especial para sindicalistas)

Por Alberto Buela

Cualquier persona medianamente informada sobre el sindicalismo argentino sabe que la captación de la oportunidad, de la ocasión, del momento propicio es un rasgo distintivo de los sindicalistas argentinos, al menos de aquellos sesenta o setenta secretarios generales de gremios que hacen política. Mientras que los dos mil novecientos restantes, como mi primo Agustín Huarte que corría en fórmula 4 con un Auto Unión, sólo adornan la fiesta.

Esta capacidad innata de captación del momento propicio desde siempre ha sido vista muy mal por el  liberalismo, el radicalismo y el socialismo, quienes bajo el empaque de “científicos y serios”, ven en ello: un oportunismo sin límites morales de ningún tipo.

El otro rasgo distintivo del sindicalista a cargo de una organización es la virtud “del cuidado”. La vieja epimeléia griega, se reencarnó en estas tierras pampeanas en la figura de los secretarios generales de gremios, pues si algo tienen en común todos es “el cuidado de la quinta”. Ya sea, visitando asiduamente su lugar de trabajo, origen de su representatividad, sea en el respeto a la ley de bronce de todo sindicalista: no negociar jamás con la patronal el salario. Negociar en el sentido de “ir a menos en el reclamo”.

Si tenemos como guía estas dos pautas definitivas y definitorias de lo que es un dirigente sindical que hace política, Moyano actuó coherente y concientemente como tal en los dos puntos comentados:

a) La ocasión fue oportuna: 1) el gobierno avanza sobre los fondos del los trabajadores rurales (150 millones de pesos anuales), que quiere estatizar. 2) el gobierno está desfinanciando las obras sociales sindicales, pues les debe entre 12 a 15 mil millones de pesos, para, probablemente, privatizar. 3) el gobierno avanzó de manera desmedida en la quita de representación política del sindicalismo, solo tres diputados, que en realidad ya son dos (Recalde ya mostró la hilacha con el tema de Uatre).

b) la virtud del cuidado: 1) el salario no se negocia y entonces reclamó contra el descuento del salario debido a la baja imputación del impuesto a las ganancias, o sea, en contra del salario diferido. 2) defendió el salario defendiendo el subsidio de los servicios a los trabajadores y no a los casinos. 3) defendió, indirectamente, el salario pidiendo la quita del impuesto al cheque de las obras sociales y que se le cobre a las financieras.

Políticamente hizo dos afirmaciones terminantes: a) el mejor gobierno fue el de Perón y b) el 50% de los votos de Cristina los pusieron los trabajadores.

Así las cosas, cualquier desprevenido podría pensar que se han quebrado las relaciones amistosas y políticas entre el gobierno y la CGT. Pero, en nuestra interpretación eso no es así. Y ello por tres motivos: 1) el chico de Moyano, uno de los dos diputados sindicalistas, salió inmediatamente a decir que: “yo soy diputado de Cristina Kirchner y defiendo este modelo. Mi padre quiere dialogar y no está contra este modelo”. 2) Del núcleo duro que rodea a Moyano (Piumato, Smith, Plaini y Viviani) al menos hay dos que están convencidos que el gobierno de los KK ha sido superior al de Perón. 3) La reacción del gobierno ha sido minimizar los dichos de Moyano.
El peronismo histórico que inmediatamente se entusiasmó con lo afirmado en la cancha  del glorioso Globo de Parque Patricios, dicho sea de paso el primer Grande de la historia del fútbol argentino, tendría que morigerar sus expectativas optimistas y no confundir las apariencias con la realidad. Y recordar que el método sindical ya lo estableció Augusto Timoteo Vandor, de una vez y para siempre: golpear para negociar.
Las afirmaciones político-sindicales de Moyano: contundentes, verdaderas, incontrovertibles, dolorosas,  para ser eficaces tendrían que tener un cuerpo de cuadros sindicales que las llevaran adelante, que buscaran su aplicación, pero allí, en este segundo momento, nos encontramos con que el sindicalismo argentino no tiene cuadros políticos. Como bien observó en la última Peña de la Imprenta , el buen sociólogo Alberto Donato, “el sindicalismo es una elite que no tiene cuadros porque no los formó” y entonces solo surgió en estos últimos veinte años “la agrupación hijos… de sindicalistas”. Recuerdo con cierta nostalgia que hace muchos años me tocó vivir algo parecido cuando le exigía al querido Osvaldo Borda, secretario de obreros del caucho, realizar cursos de capacitación, y me espetó: no avivés giles que después se te hacen contra. Hablá con gomi”. 
No todo fue así, pues por la época, don Enrique Ferradás Campos, secretario de televisión, se esforzaba por formar cuadros político-sindicales.
El primer miembro de esta benemérita agrupación “hijos de sindicalistas” fue Jorge Triacca, del sindicato de plásticos, quien sucedió a su padre. Y esto se ha repetido hasta el cansancio en estos últimos veinte años.
De modo tal, opinamos que nihil novo sub sole (nada nuevo bajo el sol), que la sangre no llegará al río porque no le conviene al gobierno y el sindicalismo argentino no está en condiciones de enfrentarlo: Sea por falta de convicciones profundas y unificadas del grupo duro de la conducción (como vimos). Sea por falta de cuadros político-sindicales preparados para ello (como mostramos).
Sigue vigente el principio fundamental que rige la historia argentina desde el: sangre no de San Martín. El mundo de la apariencia es superior al mundo de la realidad y este parece ser nuestro triste destino.  “ Pobre mona mía, dijo el cura Castellani, ¡Qué argentina al sur ni argentina al norte, a mi lo que me gusta es bailar con corte!. 

viernes, 16 de diciembre de 2011

LA ENTREVISTA QUE CAPARRÓS LE REALIZÓ A SERGIO SHOKLENDER



Muerto en vida


(Una tarde con Sergio Schoklender)


Por:  16 de diciembre de 2011

Esto es, sin duda, un despropósito. Es probable que no haya habido, en este sistema bloguero, muchas entradas/posts de este tamaño. Pero su largo –unas 25 carillas– es una de las razones por las cuales decidí publicar esta entrevista en este lugar. Solemos creer que internet exige textos cortos; no nos paramos a pensar que internet permite, entre tantas otras cosas, textos del tamaño que cada cual decida. Quizás éste sea un exceso, o quizás haya lectores todavía, gente a la que no le asusten unas cuantas páginas si les cuentan algo que les interese.
Por otro lado, no quería publicar este relato de una larga tarde con quien es, para muchos argentinos, la encarnación del Mal, en un medio argentino: su sentido habría cambiado mucho. Virtuales, extraterritoriales, estas líneas son un intento de presentar a uno de los personajes más y menos conocidos de mi país: Sergio Schoklender, el parricida, el preso, el extremista, ahora el estafador. Para los argentinos es un modo de profundizar en una historia muy cercana; para españoles y otros latinoamericanos, una buena aproximación al paisaje de la Argentina actual.
A lo largo de esa tarde Schoklender me dijo muchas cosas que me sorprendieron. Aquí están sus relatos de cómo roba el Estado argentino, de cómo las Madres de Plaza de Mayo se financiaron con asaltos, de cómo los medios se venden a los políticos, de cómo Cristina Fernández abandonó el proyecto Sueños Compartidos, entre otros. Si alguien –algún medio o persona– quiere reproducirlos es libre de hacerlo; solo le pido que cite la fuente, o sea: que diga de dónde los sacó.

Heb




CUALQUIER MUJER PODRÁ ACCEDER A UN ABORTO DICIENDO FUE VIOLADA

NOTIVIDA, Año XI, Nº 799, 15 de diciembre de 2011



Los hospitales públicos practicarán el aborto cuando una mujer que aduzca haber sido violada lo solicite, hasta seis meses después del episodio. No se exigirá la denuncia, al recibir a la víctima deberán “creer en su palabra, sin culpabilizar, revictimizar ni tratar de influenciar en sus decisiones”.
Por Mónica Del Río

El Ministerio de Salud de la Nación, que encabeza Juan Manzur, presentó un “Protocolo para la Atención Integral de Personas Víctimas de Violaciones Sexuales”, el instructivo, destinado a los equipos de salud, prevé el abordaje de las lesiones corporales y/o genitales, el suministro de Anticoncepción Hormonal de Emergencia y el “acceso al aborto no punible” siguiendo.los procedimientos de la Guía Técnica del Ministerio de Salud.

“El Protocolo está diseñado para la atención de personas víctimas de violaciones en cualquier etapa de sus vidas y hasta seis meses después del episodio”. Superado ese plazo “deben evaluarse las demandas y dar las respuestas pertinentes, con recursos intra o extra hospitalarios”.

La denuncia no es obligatoria ni es un requisito para practicar el aborto. “A partir de los 18 años la decisión de instar la acción penal tiene que partir de la víctima”. Los funcionarios y profesionales que toman contacto con un caso de violación de una persona mayor de edad, sólo podrán efectuar la denuncia cuando además de violación haya riesgo de vida o lesiones graves. “En los demás casos, no están obligados a realizar la denuncia. Es más, no corresponde que lo hagan”.

En el caso de los menores, los profesionales de la salud deberán efectuar la denuncia cuando se trate de un menor en riesgo o sospechen que los familiares pueden estar involucrados en la violación.

Si un menor ha sido abusado por personas encargadas de su cuidado, o algún familiar, tiene que denunciar los hechos cualquier persona que tome conocimiento.

El Protocolo se funda en la Convención de Belem do Para, “Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer” y en la Ley nacional 26.485, de Violencia contra la Mujer, una ley aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputados y en el Senado.

Si bien el Protocolo fue dado a conocer esta semana, después de que Cristina Kirchner asumió su segundo período de gobierno, está fechado en agosto de 2011. Sus lineamientos fueron dictados por un Comité conformado por: Dra Eugenia Trumper (Asociación Médica Argentina de Anticoncepción- Consejo Asesor PNSSyPR); Dra Diana Galimberti (Coordinadora del Programa de Asistencia a Víctimas de Violencia Sexual de la CABA- Consejo Asesor PNSSyPR); Dra Silvia Oizerovich (Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil- Coordinadora del Programa de SSyPR de CABA- Consejo Asesor PNSSyPR); Dra Myriam Salvo (Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil); Lic. Eva Giberti y equipo técnico (Víctimas contra las Violencias). La actualización y redacción estuvo a cargo de Silvia Chejter, la socióloga feminista que coordina el CECYM (Centro de Encuentros Cultura y Mujer).

martes, 13 de diciembre de 2011

DERECHO A HUELGA EN LA CONSTITUCION DEL 49

Por Alberto Buela

Con esto del discurso de Cristina Fernández cuando asumió como presidenta por segunda vez se han desatado de nuevo los demonios ocultos contra el peronismo. Así tanto por acción como por reacción las explicaciones no solo son falsas sino, cuando pretenden pasar por inteligentes, estultas.

No menos de una veintena de compañeros nos han llamado para recordarnos que hemos sido desde hace años los primeros en marcar la diferencia entre la Constitución del 49 y el resto: la del 56 y la del 94, en este aspecto. Y entonces estamos obligados, aun cuando creemos que la tarea es inútil, pues burro viejo no agarra trote, en ofrecer una explicación filosófica sobre el asunto. Y cuando decimos burro viejo nos referimos a los que la van de “intelectuales peronistas” que son, en realidad la expresión de lo que hemos denominado “la monserga peroniana”.

La presidenta afirmó: “lo digo por los que reivindican a Perón y nos critican a nosotros. Con nosotros el derecho a huelga existe, en la Constitución del 49, faltaba”. Con lo cual buscó “apretar” (en castellano extorsionar) a los sindicatos que no están conformes con un techo en el aumento de salarios cuando se discutan las próximas paritarias. Su razonamiento es simple: “Si la famosa Constitución de Perón no contemplaba el derecho a huelga y Uds. se dicen peronistas, porqué me quieren hacer huelga a mi, que sí me manejo con este derecho y en esto soy más que Perón.”.

La falacia del razonamiento es evidente: “Yo soy más peronista que Perón, porque contemplo el derecho a huelga y él no. Soy más democrática. Soy más inclusiva. Soy más progresista y menos reaccionaria”.

Las reacciones ante este razonamiento fueron de dos tipos: los que sostienen en forma abogadil que el derecho a huelga es un derecho implícito en la Constitución del 49(la monserga peroniana de los P. Vázquez) y los que sostienen que el derecho a huelga es un derecho natural y que no es necesario que lo sancione expresamente la Constitución (la izquierda peroniana de los De Genaro). Pero los dos razonamientos caen en aquello que sostiene la presidenta: la afirmación del derecho a huelga, y en eso, ni Sampay ni Perón estuvieron de acuerdo.

En una palabra, quieren defender a Perón defendiendo el derecho a huelga, cuando en realidad ni Perón ni Sampay se pusieron a defenderlo. Hace cosa de un mes participamos en el homenaje a Arturo Sampay (2011 es el año de su centenario) en el salón de los Pasos Perdidos invitados por Pino Solanas y, paradójicamente, éste defendió como Cristina y De Genaro el derecho a huelga, en contra de la tesis de Sampay-Perón. Claro está, en el fondo P. Solanas es también un socialdemócrata.

Para entender el razonamiento Perón-Sampay hay que ubicarse en el contexto histórico: inmediata post guerra mundial y la no existencia de los “derechos subjetivos”. Cuando se presenta la Constitución “justicialista”, es decir, que tiene por objeto la justicia social es impensable y contradictorio plantear en la misma Constitución objeciones a la “justicia social”, pues de ser así, esa justicia no sería tal.

Vuelvo a repetir el razonamiento de Perón-Sampay: Si postulamos una justicia social por ley no se puede plantear una objeción (la huelga) a tal justicia. Mutatis mutandi(cambiando lo que haya que cambiar) este es el mismo razonamiento por el cual los jueces no pueden hacer huelga. Pues, ¿cómo voy a sostener un sistema de justicia y al mismo tiempo ir contra ese sistema?

Claro está, nosotros estamos en 1949, todavía bajo el régimen del derecho objetivo. Pero esto desaparece poco tiempo después, pues por presión de los diferentes lobbies internacionales: los judíos que pretenden establecer una equivalencia entre el holocausto y la crucifixión de Cristo, los gays que pretenden matrimonios para no tener hijos y los demócratas que pretenden una democracia sólo para ellos, el derecho objetivo es reemplazado paulatinamente por el derecho subjetivo. Eso se ve claramente en el asunto de los derechos humanos en donde los derechos sociales (derechos de segunda generación contemplados en la Constitución del 49) son abandonados y reemplazados por los derechos subjetivos o de tercera generación (matrimonio igualitario, aborto, reemplazo de la historia por la memoria, etc.).

Nadie hoy (nosotros incluidos) está en condiciones de defender “la no huelga”, pero casi nadie está en condiciones de entender el “por qué no”. Pablo Ramella, reconocido jurista a quien hemos tratado asiduamente, se opuso a “la no huelga” a lo que Sampay respondió: “doctor Ud. no cree totalmente en la revolución que proponemos. Además la ciencia jurídica es restitutiva y un derecho al no trabajo como la huelga es equivalente a un derecho al no asesinato, esto es, un hierro de madera, un sin sentido.”



Cuando una buena peronista como Graciela Caamaño le retruca desde la banca a la presidente: Con Perón no había conflictos, no es cierto. Los hubo y si no la huelga de la Fraternidad (socialistas) que desarmó Evita. Lo que no se permitió el régimen del primer peronismo fue plantear la contradicción en el seno de su propuesta, pues ésta intentó tener el valor de lo universal y necesario, válida para todo tiempo y lugar.

De modo tal que tanto Cristina, de Genaro, Pino Solanas y tantísimos otros no han comprendido la ciencia de la hermenéutica según la cual los hechos y las acciones de los hombres se deben juzgar y justipreciar en su contexto histórico. (tendrían que leer, por lo menos, a Gadamer).

Hoy que todo es relativo, que nada es absoluto, que “da lo mismo un burro (P.Vázquez o de Genaro) que un gran profesor”, hacer entender estas sutilezas filosóficas es más difícil que miccionar en un frasquito. En definitiva, nadie puede dar lo que no tiene.

Post Scriptum: Del artículo de Feinmann, el pensador oficioso del kirchnerismo, en Página 12, no nos ocupamos porque es gastar pólvora en chimangos. Su razonamiento es muy pobre y se sale por la tangente pues no se ocupa del derecho a huelga, como titula su artículo, sino en sostener que hubieron los artículos 38, 39 y 40 modelos del constitucionalismo social. ¡ Chocolate por la noticia!. Es uno más de los que no entendieron nada. Que defiende el derecho a huelga como ley positiva en un contexto de justicia social (el del 49) sin percatarse que eso es imposible de pensarse en esa situación, a no ser que uno (Perón-Sampay, sus voceros) entren en plena contradicción.

lunes, 12 de diciembre de 2011

TROPAS DE MARIA, VAMOS A LA GUERRA. ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE!




A ti Virgen Divina más pura y agraciada

Que la azucena hermosa, que el lirio encantador.

Del Tepeyac pedimos tan solo una mirada

Con que mitigues Madre nuestro acerbo dolor.

A quién acudimos en busca de consuelo

Sin Patria y sin familia, sin lecho y sin hogar

Sino a tí que dejaste tu trono allá en el cielo

Por conquistar la patria que quisiste habitar.

Furiosos huracanes, rugientes, embravecidos

Dejaron a su paso miseria y destrucción

Y en ella desgarrados nuestros amantes nidos

Cayeron bajo el peso del dolo y la traición...

Errantes y proscritos nos vedan Madre mía

Volver a nuestra Patria que es patria del Amor

Nos vedan que a tu lado pasemos este día,

Nos niegan que a tus plantas pongamos una flor...


Tal vez en el destierro con mano despiadada

Entre terribles penas la muerte llegará...

Y ya nunca tu rostro, oh Virgen adorada,

Nuestra mirada incierta con ella gozará...

Qué importa que la muerte nos quite la existencia

Sufriendo del destierro la amarga soledad

Si en medio de las penas sentimos tu presencia

Sentimos que tu manto nos cubre con piedad.

Si tú Virgen bendita nos miras desde el trono

Que en México quisiste piadosa colocar,

¡Que sigan las tormentas, que surjan con encono,

Que en tu estrellado manto no pueden penetrar!


Miguel Agustín Pro, sacerdote mexicano martirizado en noviembre de 1927.




martes, 22 de noviembre de 2011

MALEVO:¡YO NO TE OLVIDO!


Era un héroe popular y los de su naturaleza no pueden terminar sus días en prisión, ni llorar ante sus verdugos, no pueden sufrir pasivamente afrentas e ignominias de seres miserables, deleznables y cobardes.

Expresión genuina de mi tierra, de mi pueblo, supo luchar cabalmente contra la delincuencia, no era liberal y en algún momento cumplió debidamente con su deber de enfrentar a la subversión marxista, simpatizaba profundamente con el nacionalismo.

Era mucho más valiente y tenía mejor pureza almática que la gran mayoría de militares enjuiciados por la subversión.
Hijo de santiagueña, era "EL MALEVO" y no podía ser privado de su libertad y sufrir escarnio por parte de cobardes que ahora reivindican hoces y martillos sangrientos.

Quedan pocos valientes como él, ahora abundan los cobardes de distinto pelaje...

Malevo: porque fuiste bravo entre los bravos, héroe popular en tiempos de cobardías, francas y solapadas, y porque no sos mito ni leyenda, sino HISTORIA, ¡YO NO TE OLVIDO!

Adamantius










‎" 'Olé, olé, olé, olé, Mario, Mario', gritaban las cerca de 2.000 personas que despidieron los restos de Mario Oscar 'Malevo' Ferreyra.
La fosa en la que fue depositado el ataúd con el cuerpo de Ferreyra fue cavada junto a la cruz mayor del cementerio. 'Así le tocó en suerte, porque hacemos las tumbas siguiendo la línea. Yo cavé la fosa y lo pongo en un paz descanse a un ser humano que era amable con la gente grande y con la chica' (sic), dijo Nicolás Concha, el empleado de la Comuna de los Pereyra que cavó la sepultura.
El coche que trasladaba a Ferreyra se detuvo a una cuadra del cementerio. No faltaron manos que llevaran el cajón hasta la fosa. Ex policías, vecinos de la localidad, amigos y familiares aportaron sus fuerzas. Desde la puerta del cementerio y hasta la tumba, el resto de las personas formaron un túnel humano por el que pasó el ataúd, albergado por aplausos y banderas argentinas. "












miércoles, 9 de noviembre de 2011

MARTIN FIERRO Y LA GENERACION DEL 80




Por Marcelo Sánchez Sorondo

José Hernández y la vida de José Hernández están detrás de su poema. No existe en otros casos una relación tan marcada, tan nítida, entre la zaga humana del autor y el desarrollo parabólico de su obra. Pero tampoco hay ejemplo de una absorción semejante de la personalidad de aquél en virtud de la trascendencia adquirida por ésta.

Hernández quedó, pues, literalmente atrapado por la fama de Fierro con la cual consiguió rehacer su personalidad política. Por eso, no es posible despojar a Fierro de las significaciones que descubre la odisea de Hernández. Y por eso, también, no puede dejar de leerse, como en un palimpsesto, esa versión escondida bajo el texto del libro que sugiere la vida de José Hernández.

Hay en esta vida dos estadios que se ajustan conceptualmente con las dos fases del poema separadas por la torva bacanal indígena cuyo asunto constituye el término —la última Thule— de La Ida aunque literalmente se inserte como introducción en La Vuelta.

El primero de esos estadios hernandianos comienza con el eco de los estampidos de Caseros y después de insistentes avatares termina con la presidencia de Avellaneda. Todo esto en la traslación política de La Ida aparece transfigurado por simbolismos paralelos. El gaucho Martín Fierro se publica en el intervalo que media entre los contrastes iniciales de López Jordán, cuando Hernández ya había sido arrollado con él en Ñaembé aunque faltaba todavía que pusieran a precio su cabeza junto a la del último caudillo.

La segunda etapa de la vida de Hernández se desenvuelve a partir de su reinstalación definitiva en Buenos Aires. Al retorno del último exilio en Montevideo, queda atrás el periplo andariego que lo alojó en Paraná, Corrientes y Rosario.

Para Hernández, que fuera de Buenos Aires, no encontró su senda, ha llegado el momento de entenderse con Adolfo Alsina cuyo partido le ofrece, si no la reconciliación explícita, al menos la apertura a la concordia. Es el tiempo de La Vuelta, de la sabia recordación, abundante en consejos.

Hernández llega de lejos porque —la frase es de Julio Costa— viene de la adversidad. Ha cumplido treinta años y perseguido, desde sus mocedades, ese país que se va. Años de intransigencia en el sí sí, no no de los fines y de pobreza franciscana en los medios. El torneo, como ciertos desafíos, ha sido desigual, mas el campeón, que tiene la fuerza de un hércules de feria, conservará intactas sus reservas.

En realidad, durante esa fiesta brava, que terminó con un doble ostracismo, el político se conserva indemne, en latencia virtual, al verse insensiblemente desplazado por el hombre de acción. El triunfo de Avellaneda palanqueado por Alsina y, sobre todo, la derrota de Mitre en el comicio y en el campo de batalla exoneran a Hernández del peso de sus antecedentes de personaje marginado y hasta facilitan su acceso a la carrera de los honores.

En Abril de 1876, se incorpora al partido autonomista y no acompaña ya en su tercera y última salida a López Jordán; antes bien, en su meditación de conciencia ha resuelto abandonar definitivamente la estrategia del valor desesperado, del todo o nada cuya apuesta libera a los genios de la "suerte reculativa" —maravillosa expresión de Fierro— para reconciliarse, en cambio, con la política cómo arte de lo posible.

No ha renunciado a sus convicciones ni alterado su tendencia; sólo que no querrá insistir en estrellarse contra la pared. El 3 de Marzo de 1879, se incorpora como diputado a la Legislatura porteña. Reelecto en el 80, ocupará al año siguiente una banca en el Senado provincial. Y será senador—el senador Martín Fierro— hasta su muerte, ocurrida el 21 de Octubre de 1886. (...)

La repercusión del libro

Martín Fierro —el libro— repechado por el eco y el oleaje de su acogida multitudinaria cuyo estruendo llegaba a los salones más discretos y atildados, vino a ratificar la existencia de una genuina y válida —para todos— literatura nacional.

Había sido escrito a contramano de la marcha del país, a contramano de los refinamientos y sensibilidad en boga entre los corifeos de las tertulias políticas y literarias del 80. Frente a quienes prestaban su imaginación para mecerse al compás del progreso indefinido o para soñar en deliquios inefables con la última entrega del romanticismo europeo, Hernández enérgico y tozudo se planta con su Martín Fierro y ofrece una radiografía de la vida local.

El asombro con que la Gran Aldea lo recibe no era debido a la circunstancia de que el protagonista fuese un gaucho, puesto que la literatura gauchesca había derramado ya mucha tinta. Era otro el motivo. sustancial: ese gaucho protagónico abandonaba el terreno de la fantasmagoría pintoresquista y ciertamente inofensiva en que hasta entonces lo situaron para avanzar con paso vivo sobre el aquí y ahora de nuestra realidad.

Con la materia con la que otros compusieron entremeses folklóricos, variaciones de sainete, como un "divertissement" amable alrededor de un indolente cuadrito de costumbres, Hernández redacta un Yo acuso formidable cuya resonancia en el alma argentina perdurará siempre.

En Fierro, en la persona de Fierro, Hernández encarna las cualidades de la patria vieja: su vigor ascético, su valor inmenso, soberano, de criatura primitiva, cercana a los, días de la creación. Fierro, el trashumante Fierro, que se había hecho matrero y se esfumaba en los caminos sin apostadero del Desierto, era ese mismo crisol de la raza criolla, esa misma patria que se desangraba perseguida por los agentes y las consignas de la llamada “civilización”.

Así, pues, con tal diseño, impregnado de realismo al punto que el lector en semejante travesía intelectual compromete sus cinco sentidos, las figuras del poema adquieren una veracidad patética, que trasciende la anécdota costumbrista y adquiere, como lo vio (Leopoldo) Lugones, la orquestación de una epopeya. Fierro crece ante la posteridad y deviene el símbolo que arranca tenazmente del olvidó a la nación prístina donde cabalgaron en su guerra a muerte unitarios y federales.

Como no es literato sino trovador, como no tiene una joyería de palabras sino el secreto de la imagen, Hernández presenta directamente al pueblo su gran metáfora de la tierra madre lastimada en sus raíces y marcada a fuego, el sistema político que autorizo el genocidio de la plebe gaucha sin respetar el señorío natural de su índole ni el abolengo que le prestaba su condición de heredera de los soldados de la Independencia.


Revista Todo es Historia, Octubre de 1981.


domingo, 6 de noviembre de 2011

EVITA





En mi país lo que estaba por hacer era nada menos que una Revolución. Cuando la "cosa por hacer" es una Revolución entonces el grupo de hombres capaces de recorrer ese camino hasta el fin se reduce a veces al extremo de desaparecer. Muchas revoluciones han sido iniciadas aquí y en todos los países de] mundo. Pero una Revolución es siempre un camino nuevo cuyo recorrido es difícil y no está hecho sino para quienes sienten la atracción irresistible de las empresas arriesgadas. Por eso fracasaron y fracasan todos los días revoluciones deseadas por el pueblo y aun realizadas con su apoyo total.

Un día me dijeron que era demasiado peronista para que pudiese encabezar un movimiento de las mujeres de mi Patria. Pensé muchas veces en eso y aunque de inmediato sentí que no era verdad, traté durante algún tiempo de llegar a saber por qué no era ni lógico ni razonable. Ahora creo que puedo dar mis conclusiones.
Sí, soy peronista., fanáticamente peronista.
Demasiado no, demasiado sería si el peronismo no fuese como es, la causa de un hom- bre que por identificarse con la causa de todo un pueblo tiene un valor infinito. Y ante una cosa infinita no puede levantarse la palabra demasiado.

Perón dice que soy demasiado peronista porque él no puede medir su propia grandeza con la vara de su humildad.

Los otros, los que piensan, sin decírmelo, que soy demasiado peronista, ésos pertene- cen a la categoría de los "hombres comunes". ¡Y no merecen respuesta!
Unos pocos días al año, represento el papel de Eva Perón; y en ese papel creo que me desempeño cada vez mejor, pues no me parece difícil ni desagradable. La inmensa mayoría de los días soy en cambio Evita, puente tendido entre las esperanzas del pueblo y las manos realizadores de Perón, primera peronista argentina, y éste sí que me resulta papel difícil, y en el que nunca estoy totalmente contenta de mi.

De Eva Perón no interesa que hablemos. Lo que ella hace aparece demasiado profusamente en los diarios y revistas de todas partes. En cambio, si interesa que hablemos de "Evita"; y no porque sienta ninguna vanidad en serlo sino porque quien comprenda a "Evita" tal vez encuentre luego fácilmente comprensible a sus "descamisados", el pueblo mismo, y ése nunca se sentirá más de lo que es ... ¡nunca se convertirá por lo tanto en oligarca, que es lo peor que puede sucederle a un peronista! Yo sé que cuando ellos me critican a mí en el movimiento, lo que en el fondo les duele es la Revolución.
Perón y Perón cumplirán con su pueblo.
Mientras eso pueda ocurrir, ellos no volverán.
Por eso tratan de destruirme.
Saben también que no trabajo para mí, no me verán jamás buscando una ventaja personal y eso los excita.
Desearían verme caer en el egoísmo y en la ambición, para demostrar así al pueblo que en el pueblo me busqué a mí misma. Saben que así podrían separarme del pueblo.
No entienden que yo en mis afanes no busco otra cosa que el triunfo de Perón y de su causa por ser el triunfo del pueblo mismo. Ni siquiera cuando me acerco a los que trabajan o a los que sufren lo hago buscando una satisfacción egoísta de quien hace algún sacrificio personal. Yo me esfuerzo todos los días por eliminar de mi alma toda actitud sentimental frente a los que me piden.
No quiero tener vergüenza de mí ante ellos. Voy a mi trabajo cumpliendo mi deber y a dar satisfacción a la justicia.
Nada de lirismo ni de charlatanerías, ni de comedias nada de poses ni de romances. Ni cuando entro en contacto con los más necesitados podrá decir nadie que juego a la dama caritativa que abandona su bienestar por un momento para figurarse que cumple una obra de misericordia.
Del mismo Perón, que siempre suele decir: "el amor es lo único que construye% he aprendido lo que es una obra de amor y cómo debe cumplirse. El amor no es -según la lección que yo aprendí- ni sentimentalería romántica, ni pretexto literario. El amor es darse; y "darse" es dar la propia vida. Mientras no se da la propia vida cualquier cosa que uno dé es justicia.

Cuando se empieza a dar la propia vida entonces recién se está haciendo una obra de amor. Para mí por eso descamisado es el que se siente pueblo. Lo importante es eso; que se sienta pueblo y ame y sufra y goce como pueblo, aunque no vista como pueblo, que esto es lo accidental.
Un oligarca venido a menos podrá ser materialmente descamisado pero no será un des- camisado auténtico. Aquí también me declaro enemiga de las formas según lo establece la doctrina peronista.
Para mí, los obreros son por eso, en primer lugar, descamisados: ellos estuvieron todos en la Plaza de Mayo aquella noche. Muchos estuvieron materialmente; todos estuvieron espiritualmente presentes.
No todos los descamisados son obreros, pero, para mí, todo obrero es un descamisado; y yo no olvidaré jamás que a cada descamisado le debo un poco de la vida de Perón.

En segundo lugar, ellos son parte integrante del pueblo; de ese pueblo cuya causa ganó mi corazón desde hace muchos años. Y en tercer lugar, son las fuerzas poderosas que sostienen el andamiaje sobre cuyo esqueleto se levanta el edificio mismo de la Revolución. El movimiento Peronista no podría definirse sin ellos.
Soy sectaria, sí. No lo niego; y ya lo he dicho. Pero ¿podrá negar alguien ese derecho? ¿Podrá negarse a los trabajadores el humilde privilegio de que yo esté más con ellos que con sus patrones? ¿Si cuando yo busqué amparo en mi amargo calvario de 1945, ellos, solamente ellos, me abrieron las puertas y me tendieron una mano amiga?

Mi sectarismo es además un desagravio y una reparación. Durante un siglo los privilegiados fueron los explotadores de la clase obrera. ¡Hace falta que eso sea equilibrado con otro siglo en que los privilegiados sean los trabajadores!


EVITA, LA RAZON DE MI VIDA.

LAS BALAS PASAN, MUSSOLINI QUEDA


"LAS BALAS PASAN, MUSSOLINI QUEDA"



-Cuando un filósofo finlandés me rogó recientemente que le diese en una frase, el sentido del fascismo, yo escribí en alemán: Nosotros estamos contra la vida cómoda

-Para el fascismo el mundo no es este mundo material, tal como aparece en la superfecie, y donde el hombre es un individuo separado de todos los demás y dejado a sus propios medios... El fascismo afirma el estado como la auténtica realidad del individuo.

-El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.

-Yo soy vuestro jefe y como tal estoy siempre dispuesto a asumir todas las responsabilidades. Hay que ser inflexible para consigo mismo, fieles a nuestro credo, a nuestra doctrina, a nuestro juramento, sin concesión alguna a las nostalgias del tiempo pasado o a las catastróficas anticipaciones del porvenir".



sábado, 29 de octubre de 2011

RAMIRO LEDESMA RAMOS: ¡PRESENTE!

Ramiro es uno de mis arquetipos preferidos, joven guerrero e inteligente como pocos, radicalmente enamorado de su patria, de su pueblo, de la hispanidad toda.
Cuando más estudio sobre él,mi corazón "negro" más se conmueve, fue un puro en todo sentido...

Camarada Ramiro, como genio y nervio ideador y actuante del nacionalsindicalismo, como inquisidor de liberales y marxistas, espúreos y malditos, negacionistas a ultranza de libertades vitales del hombre y de los pueblos, como nuevo Amadís, como soñador de la mejor patria de mañana, por la cual te entregaste absolutamente, sin retaceo alguno, como definidor cabal y entusiasta de la nueva esperanza, estás en la Guardia de los Luceros por meritosidad propia, vigilando más que nunca la existencia de vuestro Pueblo Hispánico, que también es el mío por decisión de Dios.

Igual que vos, también moriremos donde nos dicte nuestra interioridad, luego de haber encendido e incendiado nuestro existir por la Patria, por el Pan y por la Justicia.

Quiera Dios mandar a este siglo más Ramiros para Salvar el mundo o al menos para que la juventud resuelta, noble y constructora de pueblos diga ¡Presente! en la enlodada realidad ambiente mundial.

¡ARRIBA LOS VALORES HISPANICOS!

Adamantius






LA MUERTE DE RAMIRO LEDESMA RAMOS

por Luis Erraiz

La ciudad retumbaba con cada tiroteo que se cruzaba en el cuartel de la Montaña quebrando el silencio de la noche, como avisando de la magnitud de la tragedia que se estaba representando. Los milicianos, estrenando fusiles, intentaban que la moral de los rebeldes a la República decayera con las balas, a las que se sumaron pronto los obuses y un altavoz estridente que instaba a la rendición. Pero no sería tan fácil. Harían falta unos días de enconado enfrentamiento para que esta se hiciera definitiva, una vez que el patio del cuartel estuviera plagado de muertos.

En Madrid se veía lo que sucedía en España entera. En unas ciudades eran unos los vencedores temporales, en otras lo eran los contrarios, pero en todas se vivió la tensión de unos días en los que España lloró sangre, batiéndose en duelo inevitable en su interior. Era 19 de julio de 1936, y el fratricidio ya no tenía vuelta atrás.

El eco de los tiros llegaba al número tres de Santa Juliana, como si del redoble de tambores en el fragor de una batalla se tratase, entonando una melodía macabra que a todos estremecía. Al son de estos bélicos acordes, a las dos de la madrugada, paseaba Ramiro Ledesma preocupado por el salón. Parecía cargar sobre sus anchos hombros toda la lucha de los últimos años, desde que fundara las La Conquista del Estado hasta que organizara las JONS, de La Patria Libre a la fusión con Falange Española, de Nuestra Revolución a la reorganización de sus células jonsistas.

Su rigurosa formación matemática, su exhaustivo estudio de la filosofía y sus firmes convicciones políticas eran la base para la reflexión continua con tono sombrío y apasionado, que le daba cierto aire de hosquedad. Y aquel momento requería toda su atención. Se estaban viviendo momentos críticos para la historia de España y él, unido a ella como un hijo fiel a su madre, los sufría -y los sufriría aun con más intensidad- con ella. Junto a él, en la habitación, estaba también Navarro Ruiz, sentado en un sillón ancho, intentando convencerle de que se alejara de Madrid.

- ¿Por qué no te refugias en una embajada? Ya te lo hemos dicho, te buscan y no durarás mucho así…

- Yo no tengo nada que hacer en una embajada.

…Y todo seguía igual. Indefectiblemente lacónico, disfrazaba un profundo sentimiento con parquedad provocada. Llegaba a incomodarle que le insistieran con huir y esconderse. Podía acceder a algunas cosas, pero no iba a esconderse, no iba a sucumbir. Pensaba organizar la acción tal y como había previsto días atrás en el despacho de la calle Príncipe, cuando, preparando el segundo número de Nuestra Revolución, su última iniciativa, le comunicaron la muerte -el asesinato- de Calvo Sotelo. Entonces, haciendo gala de ese espíritu crítico que le permitía ver más allá de los simples hechos, tras quedarse unos instantes inmóvil y silencioso, le dijo a Guillén:

- Puedes dejar de escribir, el número dos no se publicará. Hay que dejar la pluma y tomar las armas, cambiar la teoría por la acción.

Y así fue. El día once había salido el primer número de lo que pretendía ser el banderín de enganche para anarcosindicalistas. Si para sacar a la calle el periódico La Patria Libre tuvo que vender su Royal Enfield, aquella mimada motocicleta en la que recorría España con temeridad, por este periódico iba a dar su vida. Por sacarlo adelante, quedándose en Madrid, redujo las posibilidades de salir con vida de aquellos días en los que crujían los resortes de la historia patria mientras sus hijos se lanzaban a una guerra de envidias, rencores y odios. Podría estar en Galicia si hubiera aceptado la invitación que Souto Villas le hizo para veranear allí. Pero él, entregado a la lucha y sacrificando su tiempo por una causa, decidió no ir con tal de sacar su periódico.

- Solo digo que deberías buscar un escondite.

En la habitación, la férrea mirada de Ramiro se alzó un instante y se paró en sus ojos. Sabía que tenía razón: el día anterior habían ido a buscarle a la pensión del Hotel Gredos, pero él estaba durmiendo, usando por almohada una pistola, en la portería que le había dejado la madre de un jonsista. Las madres… La madre de Ramiro, desde el cuarto de al lado, escuchaba con la atención que solo puede poner quien ha engendrado. Con ojos llorosos, se pregunta por qué pasará con su hijo y se adentra oraciones que la muevan a la esperanza.

Ahora que sabían que estaba en la pensión, la prioridad era encontrar un sitio para vivir y, el día siguiente, se trasladó de forma provisional a casa de su hermano José Manuel, en la calle Ponzano. La familia de su hermano estaba en Cercedilla de vacaciones e intentaba volver a Madrid cuanto antes. Como precaución, accedió a pelarse al rape, eliminando ese característico mechón de pelo, y a recuperar unas gafas que desaparecieron tiempo atrás en pro de un aspecto más marcial. Además, llevaría la documentación de su camarada y amigo Compte, administrador de las viejas revistas jonsistas.

Ramiro sufría, pero sufría con la dignidad de un caballero que sabe aceptar la afrenta y se dispone al combate, con la frialdad de un matemático que estudia las posibilidades y los datos, con el romanticismo de un filósofo que siente los problemas en él y quiere comprenderlo todo. Era su segundo día en “situación de licencia ilimitada” como funcionario de Correos, según decía en el oficio recibido a principios de mes: le habían expulsado. Ahora tendría tiempo para escribir, publicar… y luchar. Por fin el tiempo era suyo y no tendría que darse a la espera, la eterna espera en la que tuvo que estar inmerso durante años. Espera por escasez de medios; espera por escasez de fuerza humana; espera por escasez de circunstancias propicias. A pesar de publicar incesantemente, la acción no alcanzaba la magnitud que debería para poner en marcha su gran obra revolucionaria.

Así que en Ponzano, solo con su hermano José Manuel, eterno compañero, cerraba por la noche las contraventanas o se bajaba a la portería a escribir. Y los días pasaban. Él solía ir por la tarde a la cafetería Fuyma, en la Gran Vía, que era un oasis en medio de la tensión callejera. No le gustaba quedarse encerrado en casa. Después, paseaba por las calles llenas de milicianos e incluso se atrevió algún día a volver por Santa Juliana, enclavada en pleno territorio rojo, para abrazar a su madre. Con su ropa holgada, sus jerseys pajizos y su boina, sabiendo que le buscaban, sorteaba el peligro con indiferencia para llegar a ella. En casa nunca había hablado mucho, pero la pasión la llevaba, como en todo, por dentro. Y la saca a relucir con detalles como este.

Esquivar a las patrullas rojas iba a ser posible lo que restaba de julio, hasta que le detuvieran el primero de agosto con su hermano José, su camarada y compañero, a quien dictó el manuscrito del Discurso a las Juventudes de España, con quien compartiría noches de intertidumbre, con quien iba al cine, con quien pasaba tardes escuchando a Wagner,… Lo peor no era que lo detuvieran, lo peor era lo que vendría inevitablemente después. Detenciones había tenido ya suficientes como para no temerlas. Se acordaba de los dos meses en la Modelo por un artículo contra “el babélico” Marcelino Domingo, la quincena tras la sublevación del general Sanjurjo, del verano de 1933, cuando las JONS asaltaron la sede de los “Amigos de la URSS”, de noviembre de 1934, cuando incautaron las armas en la sede de FE de las JONS,… Pero era eso o… ya se lo dijo a su hermano:

- Si ganan las izquierdas tengo un noventa y nueve por ciento de posibilidades de que me vuelen la cabeza; si ganan las derechas, tendré que marcharme de España para vivir con dignidad.

El primero de agosto quedó a cenar con su hermano José en la glorieta de la Iglesia. Ramiro, intentando aprovechar hasta el último minuto del día para conocer, para “saber lo más posible”, como le dijo a su tío con veinte años, llevó consigo “Los Estados Unidos de hoy”. Pero no pudo leer mucho. Llegó su hermano y cenaron con la banda sonora habitual, la de las ráfagas de tiros lejanos. Decidieron salir un poco más tarde hacia casa para que no los vieran los porteros del edificio. En aquellos días cualquier precaución era poca.

Volvieron dando un tranquilo paseo. Ya en la calle Ponzano, a pocos metros de su destino, de ese refugio ante la barbarie, de ese edén enquistado en el infierno, un coche pegó un frenazo y de él se bajaron unos chulapos del V Regimiento de Milicias.

- ¡Alto! ¡Alto! ¡Quietos!

Los han pillado. Han sido poco más de diez los días que han pasado cruzándose piquetes y grupos de milicianos y viendo en cada uno de ellos a los que les buscaban, hasta que lo han hecho. Dos semanas creyendo ver a la vuelta de cada esquina a sus matones particulares, a su guardia non grata. Pero no le reconocen. Ellos ven a su hermano y a un pistolero fascista. Tan ciegos estaban que, buscando lo imposible, ven en las iniciales del sombrero de Ramiro, R. L., la prueba irrefutable de que es un guardaespaldas de “ese de Falange”, es decir, de sí mismo. Entrega la documentación falsa, la cartilla militar de Enrique Compte, y se presenta como un amigo de Ledesma que iba a devolverle el sombrero. Entretanto, los dos hermanos intentan entrar en la comisaría que había allí cerca. No lo logran, pero sí que un policía secreto se interese y se empeñe en que sean detenidos de la Dirección General de Seguridad.

Entonces, les llevan al cuartel del regimiento, en un colegio de los Salesianos. Les preguntan por Ramiro una y otra vez, quieren encontrarle pronto. De allí les mandan, después de veinticuatro horas, a la Dirección General de Seguridad, en la calle Víctor Hugo. Este edificio le trae muchos recuerdos a Ramiro, porque no es la primera vez que entra. Le espera una sorpresa en las celdas del sótano: allí está, con otros camaradas, el verdadero Enrique Compte, preso por ir indocumentado, es decir, por sospechoso. En cuanto ve eso, Ramiro no lo duda, tiene que confesar. La vida de su camarada depende de ello y no se arroga el derecho a sacrificarlo para salvarse a sí mismo. Contra lo que le dicen, le ruegan y le suplican su hermano y el propio Compte, se acerca a la puerta de la celda y pide ver al comisario. Cuando consigue arreglar todo, Ramiro se queda tranquilo. Lo único que le inquietaba era la situación de su amigo, así que le salva la vida a costa de la suya.

La celda estaba llena de gente. Camaradas, derechistas, monárquicos, carlistas,… de todo había. Sobre las once de la noche se vuelve a abrir la puerta y entran dos nuevos. Con uno de ellos hablaría mucho Ramiro. Se trataba de Manuel Villares, cuyo hermano Jacinto fue un jonsista de primera hora.

El día siguiente, tres, les trasladan a la cárcel de las Ventas, su última morada antes del destino fatal. Fueron unos meses duros, de comidas insanas y ridículas, de condiciones duras e inhumanas, pero Ramiro nunca se quejó. El ascetismo que corría por sus venas le hacía mortificarse ante las circunstancias adversas y dedicarse a lo verdaderamente importante: comprender. A veces, jugaban a los combates navales en papel cuadriculado, a los que Ramiro siempre ganaba. Con él estaba también Ramiro Maeztu, con quien tendría largas conversaciones, porque a Ramiro muchos le dejaron de lado en la cárcel por ser quién era. Eso tal vez le enfurecía más que cualquier otra adversidad. Había quien tenía miedo de que le relacionasen con él y tener que pagar las consecuencias, pero no Maeztu, Villares y algunos camaradas.

Tenía por aquellos días algunas preocupaciones más definidas y presentes que otras. Sabía que no saldría vivo, pero no paraba de imaginar posibles huidas. A veces hablaba como si aquello fuera transitorio, como si estuviese seguro de que en poco tiempo estarían fuera, pero sabía que todo estaba perdido. También tenía preocupaciones más trascendentales: dedicó días al más allá, para lo que le ayudó Villares, que resultó ser sacerdote. Tal vez aquellas conversaciones salio una conversión. Así terminó el pensador, con problemas de orden intelectual. Todavía le dio tiempo a profetizar algo más:

- Vosotros, si os salváis, vais a quedar muy pocos. Y los que quedéis estaréis a merced de los arribistas y logreros, que acabarán por dominaros, y todo lo que se ha hecho por JONS y FE desaparecerá en la inundación.

Así pasaron las semanas. Para pasar desapercibido, recuperó su pseudónimo. Roberto Lanzas sustituyó a Ramiro Ledesma para intentar salvarle la vida. Todos conocían a Ledesma, el temido fascista asesino; pero nadie a Lanzas. Así, con suerte, los milicianos se olvidarían de él. De poco sirvió, como es lógico, pero hubo que intentarlo. Además, las visitas de su familia eran frecuentes. Su hermana Trinidad le llevaba ropa, libros y dinero. A poca más gente había dejado él fuera. Sus camaradas estaban casi todos presos y pocas personas se arriesgarían por ir a verle. Tampoco tenía novia; “no tengo tiempo”, contestaba alegremente cuando le preguntaban.

Y llegó el veintiocho de octubre. Ramiro lo dijo: “presiento que hoy me van a matar”. ¿Otra predicción? Por la noche, cuando estaban ya acostados en el suelo, llegaron los milicianos con una lista. Treinta y dos nombres para ser trasladados a la prisión de Chinchilla, que era lo que decían para ocultar la verdad.

- ¡Catorce! ¡Ramiro Ledesma!

La poca esperanza que pueda haber se desvanece por completo. Junto a Ledesma, nombran a Ramiro Maeztu. El creador de la Hispanidad va a morir con uno “ansioso de valores hispánicos”. Qué mejor forma. Y sale Ramiro, porque ya de nada servía ser Roberto Lanzas, pero a medio camino se da la vuelta. Quiere coger la chaqueta, y no le dejan. Después, en la fila, tiene oportunidad de hablar con Maeztu por última vez, dándose ánimos para permanecer enteros. Ramiro ve el final y lo agradece. Quiere que todo termine cuanto antes, pero no acepta que le vean así, no quiere morir donde ellos decidan y hacerlo obedeciéndoles. Era ya veintinueve y tocaba la hora de la muerte. Les flanqueaban milicianos armados, camino del camión que les trasladaría. De repente, se lanza hacia uno de los milicianos, intentando arrebatarle el fusil.

- ¡A mí me matáis donde yo quiera, no donde vosotros queráis!

Y cayó. El disparo de otro miliciano terminó con su vida en el último arrebato de rabia, bajo un rayo de tremenda voluntad, y su cuerpo se estrelló contra el suelo. No hubo que rematarlo, de su cráneo manaba sangre y ya nada podía hacer. Todo había terminado. Lo recogieron y lo llevaron, con los otros treinta y uno, al cementerio de Aravaca, donde fueron fusilados contra el muro. Allí yace Ramiro, enterrado bajo la tierra de su Patria, como recuerdo perpetuo del fratricidio de 1936 y homenaje a todos los que murieron injustamente.

Al día siguiente, cuando su hermana Trinidad fue a llevarle cosas, le dijeron que estaba en Chinchilla, como a su hermano, cuando fue con un abogado para intentar defenderle en un proceso sin juicio ni acusación alguna.

Tal vez la mejor definición de la muerte de Ramiro la diera Ortega y Gasset, antiguo maestro, cuando se enteró de ella en París: “no han matado a un hombre, han matado a un entendimiento”.



¡ARRIBA LOS VALORES HISPANICOS!

BENDITA SEAS, SI, BENDITA SEAS...