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sábado, 4 de julio de 2009

CARTA DEL CORONEL LARRABURE A SU ESPOSA (Recién casados)





Querida mía:
He querido que ésta te encuentre en la noche de tu llegada, si es posible, cuando te dispongas a descansar, a contar tus cosas a la almohada; igual que cuando éramos novios y nos alejábamos por algún tiempo.Sólo una semana separados y ya el vaso de la espera rebalsa reclamando tu presencia.Nuestro amor debe ser inmenso. Inmenso como egoísta porque no acepta otra cosa que nuestra permanente cercanía.



Nunca dudé que te quería, pero esto me hace pensar que no te quiero, te adoro, con la potencia divina de los santos; con la fe de los místicos; con la ingenuidad de los niños.En la trilogía de mis mujeres bien amadas: madre, esposa e hija, encuentro el recuerdo feliz del hombre feliz.



A mi madre, le debo la vida; mi primera parabólica trayectoria a un buen fin; ella gastó su vida para el bien de sus hijos; ella luchó por ellos y ella consigue lo imposible por ellos.



A ti te debo mi hija, retoño inocente de amor; a ti te debo mi felicidad; a ti te debo mi amor que no sería tal si no tuviera la reciprocidad de tu alma.



A ella, a nuestra hija, le debemos el ansía de superación porque conocemos el fin que se persigue, ella es el motivo de nuestro sacrificio y por ella nuestra vida toman contornos que la hacen heroica.



Querida…,nuestro tálamo se hallaba desierto y frío. Faltaba la flor y el color de la conjunción maravillosa de cuerpo y espíritu. Mis sueños eran largos pero discontinuos. Largos porque sin los problemas de la hija hermosa, tempranamente se iniciaban; pero discontinuos porque mi soledad era campo propicio para las más raras maquinaciones mentales.



Así desfilaban mis seres más queridos; nuestra casita, nuestro porvenir, nuestros hijos si es que Dios nos manda alguno más, llenando nuestra vida y anunciando un devenir también feliz.Poco falta para tu llegada; inconscientemente mi alma se transformará en la blanca paloma de los cuentos de niños y se posará en la tuya; así unidas pasaremos esa primera noche y no será una más, porque tendrá los rasgos del rito entusiasta de los novios.

Amor, juntos los dos seguiremos marchando con paso firme por el camino que Dios nos ha marcado. A su vera habrá rosales, rosales con espinas, pero siempre con la mirada puesta en el fin, trataremos de clavar esas espinas en nuestro cuerpo para que la “pequeña” que vendrá detrás nuestro, no las sienta en su vida infantil y juvenil. Ya tendrá ella sus problemas en su mayoría de edad.
El mejor beso de mi vida para ti en esta noche.

Vasco



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