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sábado, 12 de septiembre de 2009

JOAQUÍN CAMPANA


Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires, trasladándose luego a Córdoba donde siguió humanidades y jurisprudencia, doctorándose en leyes en los tradicionales claustros de la casa fundada por el obispo Trejo. Para entonces, los Campbell habían castellanizado su apellido, pasando a ser conocidos como Campana.

En “Tomas de Razón”, se ha consignado que Joaquín Campana el 4 de Junio de 1803, fue habilitado como Agente Fiscal de la Real Hacienda por tiempo indeterminado.

Al organizarse las milicias urbanas Campana se incorporó al Cuerpo de Patricios, participando como oficial en las heroicas jornadas de 1806 y 1807 contra los ingleses, como lo certificó con su firma el coronel Saavedra en un documento fechado el 18 de Noviembre de 1806.

Rubricó el Acta del Congreso General del 14 de Agosto de 1806 “para afirmar la Reconquista, junto a la de los funcionarios más importantes de la Real Fortaleza”.

En los prolegómenos del Pronunciamiento de Mayo, Campana actuó en el grupo patriota que buscaba un cambio, en la estructura política y social del Virreinato, desempeñándose como secretario de Saavedra que lo honraba con su amistad y confianza. Figuró en el “Cabildo Abierto” del 22 de Mayo, votando en contra de Cisneros y en apoyo de la fórmula propiciada por Saavedra.

En los acontecimientos producidos en la capital los días 5 y 6 de Abril de 1811, recordados con desdén como la “revolución de la gente de medio pelo”, tuvo destacada actuación, siendo el verdadero inspirador de la sedición e intérprete de la voluntad popular. Fue el vocero de los revolucionarios y el autor de los diecisiete puntos que se exigieron al gobierno pusiese en marcha, para poner punto final al conflicto. Como consecuencia de los cambios producidos por el Cabildo y la Junta Grande, entró a formar parte de esta última reemplazando a Hipólito Vieytes en el importante cargo de secretario de Gobierno y Guerra.

Para entonces los ingleses, a quienes no convenía la guerra en América, tramitaban una mediación entre España y sus antiguas colonias. Tarea difícil y por demás complicada, que encontró obstáculos insalvables. Por supuesto que la designación de Campana como secretario de Gobierno y Guerra, no fue del agrado de lord Strangford, encargado de llevar a buen término la negociación, pues se lo sabía demasiado independiente y poco inclinado a entrar en ningún tipo de componendas . Los funcionarios británicos –desde los tiempos de Moreno en adelante- se habían acostumbrado a tratar con hombres a quienes conducían fácilmente. Joaquín Campana no era de ésos y los ingleses lo sabían.

El 18 de Mayo de 1811, en un documento de notable factura. Campana decía a lord Strangford: “Estas Provincias, exigen manejarse por sí mismas y sin riesgo de aventurar sus caudales a la rapacidad de manos infieles….. Para que el gobierno inglés pudiese hacer los efectos de un mediador imparcial es preciso que reconociese la independencia recíproca de América y de la Península, pues ni la Península tiene el derecho al gobierno de América ni América al de la Península”.

Fue esta la primera vez que en forma oficial se habló tan concretamente de independencia, lo cual indignó a Strangford que envió de inmediato a Sarratea a Buenos Aires, para que pusiese coto a las “locuras de la chusma de medio pelo” que dominaba al gobierno. Posteriormente Campana fue expulsado de la Junta Grande, por disposición del Comité Patriótico morenista, que a pesar de que muchos de sus miembros sufrían detención o exilio, continuaba siendo un factor preponderante en todas las resoluciones que se adoptaban.

Según una versión familiar, en la noche del 17 de Setiembre el doctor Campana fue secuestrado de su domicilio y llevado detenido a Areco, donde se lo instaló en la cárcel.

Al reunirse la Asamblea General Constituyente en 1813 para tratar la organización y gobierno que se daría al país, sancionó una ley que favoreció a todos los incursos en delitos políticos y militares con las únicas exclusiones de Cornelio Saavedra y Joaquín Campana. El presidente, tras muchas vicisitudes, consiguió volver a Buenos Aires y que se lo reivindicara moral y materialmente. Campana no tuvo esa dicha.

Durante mucho tiempo permaneció recluido en Areco, instalándose después en Chascomús, teniéndosele prohibido entrar en la capital. En 1829, se embarcó en la goleta Rosa para Montevideo, con el propósito de radicarse definitivamente en aquella ciudad para ejercer su profesión de abogado.

Pero se habían producido muchos acontecimientos que cambiaron el escenario político rioplatense y dieron oportunidad al doctor Campana para poner de manifiesto sus brillantes aptitudes. La Banda Oriental se había independizado y el sufragio de sus conciudadanos lo llevó a formar parte en calidad de senador, de la primera legislatura con que contó la nueva república, siendo posteriormente reelegido varias veces, llegando a desempeñar la vicepresidencia del Cuerpo por un largo período.

Cuando ejercía su mandato de legislador, la Asamblea General en mérito a su prestigio intelectual, lo designó miembro del Superior Tribunal de Justicia. En esa importante función cumplió una delicada tarea ante el gobierno argentino, relacionada con los pasos para embarcaciones en el estuario del Río de la Plata. Su gestión en ese espinoso asunto fue tan eficaz que conformó a los dos gobiernos y dio bases jurídicas para futuros acuerdos.

Dedicado posteriormente a promover la cultura y la educación, desempeñó sucesivamente los cargos de inspector general de Escuelas e inspector general de instrucción pública, en la década del 30. Falleció en Montevideo el 12 de Setiembre de 1847, rodeado de la estima y la consideración de todos sus compatriotas. No pudo volver a Buenos Aires, la ciudad que de joven defendió contra los soldados de Beresford y Whitelocke, quedándole la satisfacción de que su hermano, el doctor Cayetano Campana, que como él se formara en el Real Colegio de San Carlos y obtuviera su doctorado en leyes en la Universidad de Córdoba, pudiera continuar siendo útil a la causa de la comunidad de los pueblos rioplatenses. No obstante, Cayetano también supo del exilio por su adhesión a la política de Juan Manuel de Rosas. Fue uno de los firmantes de la ley que otorgó al Restaurador “facultades extraordinarias”.

Para quienes continuamos creyendo que la voluntad popular es el único motor que puede generar una auténtica democracia, la figura señera de Joaquín Campana cobra dimensión. Su verbo encendido fue el que arrastró a los “orilleros” a salir de los arrabales para realizar el primer acto popular de que se tenga memoria en ambas márgenes del Plata.


Fuente: www.revisionistas.com.ar

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