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lunes, 23 de enero de 2012

SAN MARTIN-ROSAS: EL LEGADO DEL SABLE LIBERTADOR

El 23 de enero de 1844, el Libertador General José Francisco de San Martín mediante  la tercera cláusula de su testamento político escrito en París   legó su sable victorioso al Brigadier General Juan Manuel de Rosas, a la sazón jefe máximo de la Confederación Argentina.
De ese modo el Libertador reconocía y premiaba  la ejemplaridad arquetípica de Don Juan Manuel, el estadista constructor de la nacionalidad argentina.
Recién y luego de la muerte física de San Martín, el Restaurador de las Leyes  pudo conocer el obsequio sanmartiniano cuando el yerno de éste, Mariano Balcarce,  en comunicación epistolar (efectuada el día 30 de agosto de 1850) le pone en conocimiento de la tercera cláusula del testamento.
Estando en Inglaterra en exilio forzoso, Juan Manuel lo  tendría consigo  guardado  en un cofre.




Como dato insoslayable y reforzativo de la concepción de amor por la libertad de los pueblos que tenía Rosas, es preciso recordar que en  febrero de 1869 al ver el heroísmo ejemplar del Mariscal paraguayo Francisco Solano López quien junto a su leal pueblo resistía  la invasión liberal, pro inglesa y masónica de los integrantes de la "Triple Alianza" le transfirió el sable libertador con éstas palabras: "Su excelencia el generalísimo, Capitán General don José de San Martín, me honró con la siguiente manda: La espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia será entregada al general Rosas por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de la Patria. Y yo, Juan Manuel de Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a su Excelencia el señor Gran Mariscal, presidente de la República paraguaya y generalísimo de sus ejércitos, la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible defender esos derechos, por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria".

Pero debido a la muerte de Solano López el sable no llegó a las manos del paraguayo.

Finalmente y por gestiones del entonces  director del Museo Nacional, el sable arriba a nuestro país el  4 de Marzo de 1897 ante la indiferencia de las autoridades gubernamentales y la presencia de pocas personas.
Ese día un joven llamado Leopoldo Lugones escribía "Brevemente: Rosas alzó entonces su cabeza principalmente hermosa y soberbia, hizo pelear a su pueblo, y batiéndose – ambidextro formidable – con un brazo contra la traición que ponía en venta la propia tierra por envidia de él, y con el otro contra la invasión que venía a saquear en tierra extraña, echó a la tempestad riendas de hierro que manejó con sus puños el gran jinete de pueblos y de potros. Y por segunda vez se salvó la independencia de la América.
Entonces el sable, aquel viejo sable se estremeció en su vaina como en los buenos días de las batallas por la libertad del continente lejano."


Clickear aquí para leer íntegro el artículo de Lugones:





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