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sábado, 20 de septiembre de 2008

LA ALIANZA Y EL PERONISMO



Es una tesis conocida la de que una de las razones del éxito del peronismo es la de haber enarbolado las ideas que los grupos nacionalistas habían sembrado por aquella época en la población. Uno de aquellos grupos fue la Alianza Libertadora Nacionalista.
A pesar de que esta organización fue una de las primeras y mas importantes del nacionalismo argentino, sin embargo poco se estudió sobre su doctrina, organización, trayectoria e influencia política. Solo breves referencias a ella encontramos en algunas obras que tratan la historia política argentina del siglo XX.
Se sabe que el origen de la Alianza se relaciona con la famosa Legión Cívica Argentina, uno de los grupos que apoyó al general Uriburu con la esperanza de que este pusiera en marcha un estado corporativista al estilo fascista.
En un local cedido por esta organización proto-nacionalista el legendario Juan Queraltó fundaría en septiembre de 1937 la UNES –Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios-, la cual a los pocos meses de fundada cambiaria su nombre por el de Alianza Libertadora Nacionalista.
Lo novedoso es que Queralto pretendió que esta nueva organización sea capaz de llegar a los sectores proletarios. Para ello, desde el vamos, la Alianza salió a disputarle a la izquierda el dominio de las calles, en ese sentido realizaron intensas campañas proselitistas, marchas y multitudinarios actos públicos.

1º de mayo

Si algo molestaba particularmente al líder de la Alianza Libertadora era la apropiación que hizo el marxismo de la causa de los trabajadores. Convencido de que los partidos de izquierda se sumaban a los justos reclamos de los obreros con el objeto de instalar a la postre un régimen inicuo, decidió terminar con las celebraciones del Día del Trabajador bajo la bandera roja del marxismo internacionalista, en su lugar se propuso organizar dichos actos bajo la bandera celeste y blanca. Fue así que al poco de constituida la Alianza comenzó a llevar a cabo actos públicos todos los 1° de Mayo.
En los panfletos convocando a celebrar la Fiesta del Trabajo Argentino en 1938, se llama a conmemorar "con sentido argentino, la fecha que marca un jalón doloroso pero triunfal en las reivindicaciones de los derechos del trabajo". Tomando distancia del capitalismo explotador, el panfleto proclama, "Trabajador Argentino. La nación vive y subsiste ... por la obra de tu esfuerzo inicuamente explotado por el liberalismo capitalista ...". El mensaje era claro y tajante: "¡Contra el capitalismo que ha impuesto su infame tiranía sobre las masas obreras! ¡Contra el super capitalismo y el marxismo! ¡Por la dignificación moral y material del proletariado argentino! ¡Por la libertad económica de la nación! ¡Exigimos justicia social!".
Como se ve, el ideario de la Alianza Libertadora no se agotaba en un mero anticomunismo al estilo de algunos grupos patrióticos pero reaccionarios que le precedieron, todo el régimen corrupto y cipayo era objeto de sus criticas y embates; tal es así que, por ejemplo, cuando estallo el escándalo por el negociado de las tierras del Palomar, en 1940 bajo la presidencia del conservador Castillo, los hombres de la Alianza salieron a las calles a apoyar el informe elaborado por la Comisión que investigo el tema y le atribuyo responsabilidad en ese hecho de corrupción a numerosos funcionarios conservadores y radicales. Como dice José María Rosa, “para los nacionalistas el escándalo mostraba las lacras del sistema” mientras que para los radicales el cuestionamiento a los funcionarios implicados era “un ataque a la democracia”.
Por ciento que esta confrontación con el régimen conservador y demoliberal ya la habían iniciado anteriormente los nacionalistas de la Nueva Republica, a partir de la fundación de dicho periódico en 1927 por Ernesto Palacio y los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta, entre otros. Sin embargo lo que es justo señalar es que fueron los hombres de la Alianza quienes le dieron un matiz mas revolucionario y social a las propuestas nacionalistas, haciéndolas llegar a los sectores populares, no por que erróneamente se haya considerado que lo nacional se da solo en estos estratos, sino por que su difusión generalizada en todo la sociedad era el presupuesto básico para el éxito de la revolución que anunciaban. Es por ello que Mónica Quijada llega a afirmar que “la Alianza Libertadora Nacionalista agrego a los postulados ya conocidos del ideario nacionalista (un estado corporativo y católico) el principio de la independencia económica, que incluía la nacionalización del petróleo y de los servicios públicos, el control del capital extranjero y una tímida reforma agraria. Este grupo estaba compuesto por elementos jóvenes y no hallo demasiado eco entre los viejos nacionalista, que seguían esperando a un nuevo Uriburu.”
En realidad, no es que el tema de la independencia económica no estaba entre los postulados de los primeros nacionalistas, precisamente fueron los hermanos Irazusta quienes escribirían en 1934 la primera obra que denuncio en nuestro país el accionar económico del imperialismo británico -“La Argentina y el imperialismo británico”-, lo que ocurrió es que la Alianza profundizaría sobre las consecuencias sociales de la dependencia.

Segunda Guerra Mundial

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la Alianza Libertadora levanto al igual que todos los nacionalistas la bandera de la neutralidad, pero cabe aclarar que no lo hizo por que simpatizara con las potencias del Eje (aunque es innegable que otros grupos minoritarios si lo hacían) sino por que Gran Bretaña era nuestro enemigo secular y se esperaba que su derrota seria el fin de la dominación que esta ejercía sobre países semi-coloniales como el nuestro; además los aliados encarnaban aquello que los nacionalistas combatían: el demo-liberalismo y el comunismo.
Por aquel entonces, la Alianza ya era la dueña de las calles. En Mayo de 1943 organizó un multitudinario acto que congrego a mas de 100.000 patriotas que desfilaron desde la calle Coronel Diaz hasta Plaza San Martín.
En el discurso que pronunció en esa oportunidad el dirigente aliancista Bonifacio Lastra podemos encontrar un resumen de las ideas políticas de la Alianza. Se responsabiliza de la miseria, que engendra el despiadado régimen capitalista, a la Banca internacional manejada en gran parte por banqueros judíos, (aclarando que ello no implicaba culpabilizar a todos los judíos). Se denuncia al marxismo como una reacción fundada en el odio, en la destrucción de la nacionalidad, en el ateísmo y en la disolución de la familia. Se toma distancia de los conservadores que niegan los derechos de los trabajadores y se presenta al nacionalismo como un movimiento político que encauza las reivindicaciones sociales en un proyecto de nación soberana.

Capitalismo y comunismo

Como vemos la Alianza Libertadora Nacionalista se declaraba enemiga tanto del liberalismo como del marxismo, y no encontraba contradicción en el capital y la justicia social. Afirmaban que el capital, "factor imprescindible de la producción y creador de trabajo desempeña ... una verdadera función social. Pero este capital no encuentra barreras dentro del liberalismo..." Inclusive en la critica apuntaban mas al demoliberalismo que al marxismo, el cual es considerado "...una reacción justificada contra la opresión de esa fuerza explotadora y usurpadora de los beneficios del Trabajo...". Claro que denunciaban que el marxismo que "se dice anticapitalista, no pretende otra cosa que suplantar un capitalismo por otro ... el capitalismo de estado, más funesto y más expresivo que cualquier otra forma de capitalismo". En definitiva entre el egoísmo liberal y la lucha de clases del marxismo, la solución propuesta por los nacionalistas será la colaboración de clases. "Aquí en la Alianza, unidos en un comun afán de liberación argentina y de solidaridad social, el obrero de alpargatas, el joven estudiante, el peón rural, el estanciero criollo y el industrial honesto se sienten camaradas”.
Como vemos con la Alianza Libertadora Nacionalista hizo aparición un nuevo tipo de nacionalismo, uno que a la vez de reivindicar las banderas de la nacionalidad y de la tradición, tomaba un sentido popular, social y revolucionario.
Según Alberto Spektorowski, “a comienzos de la década de 1940, la Alianza fue el precedente más claro de los descamisados de Perón”. Este autor reconoce que en esta nueva organización nacionalista “el planteo de una postura social en la que el concepto de justicia social, que fue tan importante para el peronismo, se veía con claridad”.

Juan Domingo Perón
Ahora bien, esta manifestación de un nuevo nacionalismo no paso inadvertida por propios y extraños. Su fuerza y sus ideas comenzaron a ser tenidas muy en cuenta; pero un acontecimiento vendría a incidir profundamente en el destino de esta organización y en general de todo el nacionalismo argentino, nos referimos a la Revolución del año 43 y el surgimiento de la figura del por entonces coronel Juan Domingo Perón.
Cuando los militares logiados en el GOU –entre ellos Perón- tomaron el poder en junio del 43, las banderas que alzaron fueron justamente las del nacionalismo. Ello haría que los aliancistas saludaran esperanzados al nuevo gobierno. Sin embargo pronto sobrevendría la desilusión.
Es interesante destacar sobre este hecho que ningún civil nacionalista participo del golpe, este fue el único estrictamente militar y secreto de nuestra historia; tal es así que, como cuenta José María Rosa, los comunistas creyendo que se trataba de un golpe antinazi arrojaron flores a los militares sublevados y trataron de incendiar los periódicos nacionalistas, que fueron defendidos por los jóvenes de la Alianza. Claro que pronto los socialistas , radicales y la embajada norteamericana se desengañaron, al tiempo que los nacionalistas se entusiasmaban convencidos que su hora había llegado.
Esta fue una etapa en la que, si bien algunos principios del nacionalismo fueron llevados a la práctica, una nueva frustración y una gran división marcarían para siempre al nacionalismo. La figura clave en ello fue Juan Domingo Perón.
Mario Amadeo, en su libro Ayer. Hoy. Mañana, describe la gran seducción que ejerció Perón sobre los nacionalistas, aunque reconoce que muchos intuyeron que “ese hombre buscaba algo muy distinto que nosotros”. De todas formas, como dice Rosa: “los nacionalistas lo proclaman su jefe y Perón acepta. Al día siguiente vienen a decirle lo que debe hacer y Perón les aclara: si soy su jefe ya se lo que hay que hacer”.
El primer desengaño de los nacionalistas sobrevino cuando el gobierno militar se vio obligado a declararle la guerra al Eje y a firmar las Actas de Chapultepec.
Victoriosos los aliados el gobierno militar tenía que hacer buena letra y cambiar su imagen, para ello, como afirma Rosa “había que sacudirse a los nacionalistas que quedaban en las cátedras o en la administración: nacionalista era mala palabra que los corresponsales norteamericanos escribían nazi... La Alianza Nacionalista vio cerrados sus locales después de las manifestaciones contra la declaración de guerra, y sus dirigentes asegurados para que no perturbasen el regocijo de los aliadófilos cuando se diera la noticia de la caída de Berlín.” A partir de entonces para muchos nacionalistas Perón seria un traidor.
Otros en cambio, como los aliancistas, a pesar de criticarlo fuertemente por haber cedido ante los Estados Unidos sin embargo aun guardaban ciertas expectativas ya que este había sabido llegar a las obreros con un mensaje contrapuesto a la predica clasista e internacionalista del marxismo; por ello cuando estallo la manifestación popular del 17 de octubre de 1945, una gruesa columna de aliancista marcho junto con los obreros a pedir la libertad del coronel. Cabe destacar que cuando los jóvenes de la Alianza volvían de la plaza fueron tiroteados por elementos izquierdistas que se encontraban el local del diario Crítica, allí murió un joven militante nacionalista llamado Darwin Passaponti, días después morirían dos más por heridas recibidas en ese hecho.
Ingenuamente los aliancistas, a pesar de las dudas que les generaba la figura de Perón, confiaban en que "El tiempo ha de colocar en las limpias manos del nacionalismo la conducción de esa masa proletaria, para llevarla en armonía con los demás elementos de la sociedad a la conquista de la justicia...". En realidad el tiempo les mostraría lo equivocados que estaban.

Braden o Perón

Fue así entonces estos hombres fueron nuevamente seducidos por “el líder de los trabajadores”. Ese enlace quedaría sellado cuando el embajador norteamericano Braden imprudentemente se puso al frente de una campaña en contra del régimen de Farrel y especialmente de Perón, a quien catalogo de nazi-fascista.
Frente a la Unión Democrática armada por el embajador yanqui y conformada por socialistas, comunistas, radicales y conservadores, con el lema “por la libertad contra el fascismo”, los nacionalistas de la Alianza no dudaron en concurrir a las elecciones de 1946 con candidatos propios pero sosteniendo la candidatura de Perón para presidente de la nación. Uno de los candidatos que llevo la Alianza fue el emblemático Padre Leonardo Castellani, uno de los máximos exponentes del nacionalismo católico, sector que precisamente se opondría a la representatividad partidocratica. La otra razón que llevo a la Alianza Libertadora Nacionalista a apoyar a Perón fue la obra social que este llevo adelante y el programa de industrialización que pretendía implementar. Cabe aclarar que no todos los nacionalistas miraron con simpatía las medidas tomadas por Perón a favor de los trabajadores. Muchos de estos, aunque teóricamente también levantaban la bandera de la justicia social, desconfiaban de las consecuencias que acarrearía un manejo populista en esta materia, esa cuestión, sumada al conflicto que Perón tendría mas adelante con la Iglesia daría origen a un nacionalismo furiosamente anti-peronista.
De todas formas en aquel entonces la inmensa mayoría de los nacionalistas votaron la fórmula de Perón inclusive muchos fueron funcionarios en su gobierno, o diputados, como el historiador revisionista, Ernesto Palacio. Pero como dijimos mas arriba, esto pronto cambiaria.
Si bien la primera presidencia de Perón continuó con el proceso iniciado en el 43, es decir nacionalismo económico y política obrera en un marco de colaboración entre trabajo y capital y no de luchas de clases; a los pocos años de iniciada su presidencia el país entró en una crisis económica producto de la influencia negativa del Plan Marshal sobre nuestra producción y de los costos de la política de industrialización.
En esta situación Peron comenzó a modificar paulatinamente su política acercándose a los Estados Unidos; al decir de nacionalistas antiperonistas como Julio Irazusta “pregonaba nacionalismo de palabra, pero dejaba todo como estaba, en los hechos”.

Antiperonismo y Patricio Kelly

De modo pues que los elementos nacionalista que acompañaban al peronismo comenzaban a ser una molestia para su nueva política, (ya tempranamente lo fueron cuando criticaron la compra de los ferrocarriles en condiciones ventajosas para los ingleses) ahora Perón debía acallarlos o sacárselos de encima.
Por otro lado otra cuestión venia a incidir. En agosto de 1948 el gobierno peronista había reconocido al Estado de Israel y estaba interesado e mantener relaciones cordiales con la comunidad judía en nuestro país. En 1949 se estableció en la nueva Constitución Nacional una condena a la discriminación racial y religiosa y en 1951 visito nuestro país el presidente de Israel, siendo recibido con todos los honores. De modo pues que como afirma Roberto Bardini “la organización acaudillada por Juan Queraltó se había convertido en un estorbo para el gobierno peronista.” La suerte de la Alianza estaba echada.
Por aquellos años un personaje oscuro llamado Patricio Kelly se había incorporado a la Alianza escalando posiciones merced mas que nada a sus cualidades matoneriles. En 1953 se apoderó de la conducción de la Alianza en un golpe de mano que incluyo el secuestro y las torturas de su líder fundacional, Juan Queraltó, el cual se tuvo que ir del país amenazado de muerte.
El mismo Kelly dio su versión de los hechos en la revista Humor en octubre de 1982: “Intenté derribar en el 51 a Queraltó, y fui preso. Recién lo conseguí en abril del 53. (...) Le cambié el nombre, y le puse Alianza Popular Nacionalista (...) Todos los nacionalismos de esa época, esto es importante entenderlo, estaban impregnados de alguna manera de la propaganda de los países del Eje. La disciplina era del fascismo; las consignas, del nazismo, y la Falange aportaba los libros. Cuando le tomamos el local a Queraltó, derribamos a los nazis, a los fascistas y a los falangistas”.
Por otro lado, Queraltó acuso a Kelly de estar al servicio del entonces ministro del Interior, Ángel Borlenghi, de quien se sabia que había tenido “militancia comunista” y estaba casado con una judía: “Un día la policía entra al local de San Martín y Corrientes, y mete de prepotencia a Guillermo Patricio Kelly, a quien la Alianza había expulsado en 1946. Así se apodera de nuestra organización por medio de un acto de fuerza apoyado por la policía mandada por Borlenghi. A mí me llevan preso a Orden Político (...). A los quince días de encierro, Perón me manda a llamar y me ordena que «desensille hasta que aclare». Me designaron en la embajada argentina en Paraguay”.

El final

La Alianza Libertadora Nacionalista ya no volvería a ser la misma. Vaciada de su doctrina se convertiría en un mero grupo de choque del gobierno. El propio Kelly muchos años después confesaría que su propósito en aquel entonces fue des-nazificar a dicha agrupación. Llamativamente previo a ello había viajado a los Estados Unidos, luego lo haría a Israel.
Evidentemente si bien la Alianza fue víctima de una operación llevada a cabo por varios servicios de inteligencia su destino era previsible, ya se lo había jugado desde el mismo momento que se incorporo al peronismo. Como dice Zuleta Alvarez, si bien “la importancia de la Alianza fue grande. Llegó a organizar filiales en las provincias, contaba con decenas de miles de miembros” sin embargo al incorporarse al peronismo llego a su fin “su existencia como organismo nacionalista autónomo”.
El golpe de estado del 55 que derrocaría a Perón encontraría a los últimos aliancistas atrincherados en su bunker con armas en la mano defendiendo a un Perón que no quería saber nada de ellos y que ya abordaba el barco que lo llevaría al asilo. Los cañonazos de los tanques terminarían con aquella inútil resistencia. Mientras tanto aquel que había usurpado la conducción de la Alianza trataba de salvar su pellejo escabulléndose entre los vencedores.
La Alianza Libertadora Nacionalista se había acabado con pena pero sin gloria; sin embargo mas allá de sus errores y fracasos creemos que esta agrupación ocupa un lugar relevante en la historia política del país pues fue la primera organización nacionalista que logro sintetizar un pensamiento restaurador, corporativo y antimodernista con un planteamiento económico y social; adelantándose en esta ultima cuestión al peronismo. Su opacamiento por dicho fenómeno tal vez sea el motivo del poco interés que ella suscito entre los historiadores, tal vez en el futuro ello se revierta.


Edgardo Moreno

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